Sin título, por que espero que una persona muy especial lo decida....
esperando recibir ese abrazo y ese beso que desde hace mucho no recibía.
Añorando ser recibido como alguna vez él mismo recibió a su padre, pero
como siempre.. se quedó esperando ese saludo.
Sentados todos en la mesa, esperaba escuchar esa platica narrativa de lo
acontecido en la semana, que su hijo (el mayor) le contara de cómo le iba
en los partidos de fútbol, que su hija se desahogara quejándose de los pocos
permisos que recibía para ver a su novio y que la más pequeña le inventara
algún suceso ocurrido, como todos los niños hacen.
Pero nuevamente, y no para su sorpresa, nunca consiguió esa platica.
En el lecho conyugal, trató desesperadamente de entrar en la intimidad del
matrimonio, no físicamente sino emocional; acariciar a la mujer de la que
alguna vez sintió que podía conseguir el mundo para ella. Grito con la mirada
que le dijera un ¨Te amo¨, pataleo como niño chiquito, sin mover ni un solo
músculo, para que su esposalo abrazara, pero una vez más, se sintió rechazado
en el silencio del olvido.
Un silencio que solo lo rompía el estruendo de la pelea, los gritos e insultos.
Ahí, recostado en la inmensa soledad, pensó en esas palabras que no podía
reclamar en voz alta a nadie, mas que a Él mismo:
-¿Por qué yo? ¿Por qué a mi?, Si yo siempre trate de ser el mejor esposo, el mejor
padre, un amigo para los amigos, el consuelo de un llanto. A caso todo lo que dí,
todo lo que entregué de mí no valió la pena? Por qué me toca ahora a mí sufrir el
desprecio de una familia por la que siempre dí lo mejor?
Trató de sentirse culpable, de encontrar el error en la situación, quiso convencerse
de que lo que estaba haciendo estaba mal. Preguntándose que clase de ejemplo
les estaba brindando a sus hijos, y contestándose Él mismo como si lo hicieran sus
propios hijos; ¨ninguno, por que desde hace mucho, nadie te toma en cuenta¨.
Recibió esa llamada que lo tranquilizaba todas las noche; esa voz angelical que le
recordaba lo importante que era como persona, la falta que Él le hacia en su vida.
Le dijo mil veces y de mil maneras lo mucho que lo amaba, lo llenó de sonrisas,
de alegrias, le recordó cuanto lo deseaba... cuanto deseaba tenerlo en la
intimidad de la cama, para abrazarse sin tocarse, besarse sin siquiera rozar los labios.
Y cuando colgó, se dió cuenta que no tenia ninguna culpa.
Se convenció que era mejor para Él, sus hijos y su esposa, separarse.
Evitar que sus hijos crecieran creyendo que los gritos y las peleas eran parte de
un buen matrimonio.
Supo que aunque el adulterio era normalmente un acto inmoral que todos criticaban,
para Él era una salida de su realidad, era un reencuentro con la vida, donde se
recordaba a Él mismo lo valioso que era aún, por que tenía una persona que se lo
decía día a día, con solo mirarlo a los ojos.
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